Dom. Mar 22nd, 2026

La llegada del equinoccio de primavera desató una verdadera marea humana en Chichén Itzá, obligando a las autoridades a montar un megaoperativo de seguridad del 20 al 22 de marzo. La misión central: gestionar a los miles de visitantes y salvaguardar los milenarios monumentos mayas.

Custodiar a las más de 30 mil almas que se dan cita para admirar a la serpiente emplumada no es enchílame otra. Por esta razón, el INAH, respaldado por corporaciones de seguridad y Protección Civil, implementó reglas de hierro respecto a los horarios de entrada y los artículos permitidos.

Para los visitantes que se lanzaron desde la capital del país huyendo del asfalto, la realidad peninsular los recibió con un sol de justicia de 32 grados y un filtro de revisión más riguroso que el del metro. La instrucción fue clara: nada de bultos voluminosos ni ceremonias improvisadas.

Los custodios del recinto se armaron de paciencia para revisar meticulosamente las pertenencias en los accesos. Ingresar con tripiés, drones, bebidas alcohólicas, estupefacientes o armas estaba totalmente descartado; los asistentes debían conformarse con agua, bloqueador solar y mucha disposición para caminar.

El cronograma de cierres también agarró en curva a más de un turista rezagado. Las taquillas del complejo bajaron la cortina inexorablemente a las 16:00 horas, iniciando el proceso de desalojo para que, en punto de las 17:30, la explanada quedara completamente despejada.

En el sitio, varios viajeros manifestaron su sorpresa al descubrir que escalar la pirámide de El Castillo es una actividad clausurada. La restricción de subir los emblemáticos 91 escalones obedece a un esfuerzo de conservación indispensable ante el volumen masivo de turismo que recibe Yucatán cada marzo.

En cuestión de finanzas, el pase de entrada exige llevar la cartera prevenida. El boleto para los connacionales asciende a 310 pesos, suma que se divide entre tarifas federales y estatales; no obstante, la salvación dominical permite a los mexicanos ingresar gratuitamente presentando su credencial del INE.

Los guías turísticos reiteran la importancia de llegar con la luz del alba para asegurar un espacio en el estacionamiento, el cual tiene un costo de 116 pesos. Además, sugieren portar prendas de algodón, calzado de uso rudo y no descuidar ni un segundo a los menores de edad entre el mar de gente.

Superar los filtros de seguridad y el calor abrasador es el precio a pagar por presenciar uno de los eventos arqueoastronómicos más impresionantes del planeta. Un esfuerzo logístico que garantiza la permanencia de esta maravilla precolombina para las futuras generaciones.

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