Dom. Feb 8th, 2026

Reporte de David Vega

Mientras la Ciudad de México dormía, en el norte de Europa se desató una tormenta silenciosa que amenaza con sacudir la economía global. EuroPorts, uno de los operadores logísticos más grandes del continente, confirmó esta madrugada que sus terminales en Róterdam y Hamburgo han dejado de operar de forma automatizada. No fue una huelga ni un fallo eléctrico: fue un secuestro digital.

El grupo de cibercriminales conocido como ALPHV —o BlackCat en los foros de la dark web— se adjudicó la intrusión cerca de las 03.00 (hora del centro de México). Para contener la propagación del malware, la compañía tomó la drástica decisión de desconectar sus sistemas de Tecnología Operativa (OT). Esto significa que el software que coordina a las inmensas grúas pórtico y el rastreo satelital de contenedores está apagado. En este momento, dos de los puertos más eficientes del mundo han tenido que volver al lápiz y papel, provocando un colapso operativo inmediato.

No estamos ante un simple robo de credenciales. Los expertos en ciberseguridad señalan que BlackCat ha perfeccionado la técnica de la «triple extorsión». Primero, cifran los archivos críticos para paralizar la empresa; segundo, amenazan con filtrar datos confidenciales de proveedores si no se paga el rescate; y tercero, lanzan ataques de denegación de servicio (DDoS) para tumbar cualquier sitio web de comunicación de la víctima. Es un asedio total.

Para que la banda entienda la magnitud del «atorón»: imaginen que es quincena, viernes y llueve en la Ciudad de México. Ahora, piensen que alguien hackea los semáforos de todo el Circuito Interior para dejarlos en rojo permanente y, de paso, le pone candados digitales a las plumas de los estacionamientos de todos los centros comerciales. Nadie entra, nadie sale y el caos se acumula por segundos. Eso es lo que pasa ahora mismo en el Mar del Norte: miles de toneladas de mercancía están atrapadas en un limbo digital, generando un cuello de botella que no se destapará en horas.

El impacto financiero fue instantáneo. Las acciones de las navieras asociadas cayeron un 4% en la apertura de las bolsas europeas. Los analistas logísticos estiman que, por cada día de parálisis, se necesitarán entre cinco y siete días para normalizar el flujo de carga. Esto podría traducirse en retrasos de hasta tres semanas para que los productos lleguen a América. Si esperaban gadgets o refacciones europeas para fin de mes, es probable que este incidente infle los precios o retrase las entregas.

La lección es dura pero clara: en un mundo hiperconectado, un código malicioso ejecutado en los Países Bajos puede vaciar los estantes en Iztapalapa.

por admin

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