Jue. Feb 5th, 2026

Si alguna vez has caminado por el Zócalo, habrás notado que la Catedral Metropolitana parece estar echándose una siesta de lado. Sus pisos están chuecos y las columnas parecen cansadas. Pero, a solo unas cuadras, la Torre Latinoamericana se mantiene derechita, presumiendo haber sobrevivido a los terremotos de 1957, 1985 y 2017 sin un rasguño.

¿Es un milagro? ¿Es mala suerte? No, es pura y física ingeniería aplicada al lodo.

El problema: Vivimos sobre una gelatina

Para entender por qué uno se hunde y el otro no, hay que recordar que la CDMX no es tierra firme; es un ex-lago. Debajo de nosotros hay capas y capas de arcilla volcánica altamente compresible. En términos simples: estamos construyendo sobre una gelatina gigante.

La Catedral: El peso de la historia (y de la piedra)

La Catedral comenzó a construirse en 1573. En ese entonces, los arquitectos españoles no tenían ni idea de lo que era la mecánica de suelos moderna.

  • Cimientos de madera y piedra: Usaron estacas de madera y una plataforma de piedra llamada «emparrillado».

  • El peso desigual: La Catedral es una mole de cantera masiva. Como no todo el suelo debajo de ella tiene la misma resistencia, una parte se comprimió más que otra.

  • Hundimiento Diferencial: Este es el término técnico. La Catedral no se hunde parejito; el Altar Mayor va por un lado y las torres por otro. ¡Llegó a tener un desnivel de más de 2 metros!

La Torre Latino: El secreto de las «piernas» de acero

Cuando se construyó la Latino en 1956, el ingeniero Leonardo Zeevaert sabía que no podía simplemente «apoyar» el edificio en el suelo. Tenía que engañar a la física.

  1. Pilotes de punta: A diferencia de la Catedral, la Torre Latino tiene 361 pilotes de concreto que atraviesan la capa de «gelatina» (lodo) hasta llegar a la capa de tierra dura, a unos 34 metros de profundidad. Es como si el edificio tuviera zancos enterrados en el fondo de una alberca.

  2. Cámara de flotación: El sótano de la torre funciona como el casco de un barco. Se calculó el peso de la tierra que sacaron para construir los sótanos y se igualó con el peso del edificio. Así, el suelo «no siente» que le pusieron algo encima.

  3. Inyección de agua: La Torre tiene un sistema para controlar la presión del agua en su base, lo que le permite ajustarse si el suelo a su alrededor se mueve.

 

¿Podemos salvar a la Catedral?

¡Sí! De hecho, en los años 90 se hizo una obra de ingeniería épica llamada subexcavación. Básicamente, los ingenieros sacaron tierra de los puntos más altos de la Catedral para «provocar» que esas partes se hundieran y así nivelarla con las zonas más bajas. No se va a enderezar por completo (eso sería peligroso), pero al menos ya no se está partiendo a la mitad.

Mientras la Catedral «flota» (y se hunde) en el lodo como un barco pesado a la deriva, la Torre Latino está «anclada» firmemente a la roca sólida que hay debajo de todo el caos chilango.

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